Campaña de concientización sobre la disfluencia

Danisa Alvarez, una de las impulsora de esta iniciativa, dialogó con la mañana de Animal FM. Brindó detalles de la problemática y reveló su experiencia de vida, que la llevó a abandonar los estudios de una carrera en el ámbito local.

Recomiendan tratar a los niños lo antes posible. Desde los dos años ya puede detectar.

Hoy se celebra el día mundial de la toma de conciencia de la disfluencia, más conocida como la tartamudez. La disfluencia es un trastorno del habla que consiste en una alteración del ritmo y la fluidez verbal, que se caracteriza por repeticiones indeseadas de sílabas, palabras o frases, acompañadas de interrupciones espasmódicas de la conversación, que producen angustia y son difíciles de controlar.

Debido a esto, se realizará hoy una actividad sobre la peatonal de Concepción del Uruguay, en la esquina de calles Rocamora y Leguizamón. Allí, de 17 a 19 horas, se entregarán folletos y se suministrará información sobre este trastorno que afecta a muchísimos adultos y niños, pero que muchas veces no se le presta la atención que se merece.

Con la intención de contar con mayor información, la producción de FM Animal se comunicó con Danisa Álvarez, una de las promotoras del evento.

¿Qué nos podes contar de esta problemática?

Es importante que quitemos la ignorancia en algunos sectores sociales sobre este tema, como por ejemplo en escuelas o en determinados núcleos familiares, para poder detectar a tiempo la disfluencia y así se pueda revertir. Cuando la persona llega a una determinada edad con el trastorno sin tratarlo es más difícil que se pueda revertir, aunque sí es posible controlarlo.

¿Cómo podemos detectar la disfluencia?

Los síntomas se dan desde los dos años y se pueden revertir antes de los seis o siete años. En algunos casos no se revierte del todo. Es importante sentir los saltos o trabas en el habla, como me está pasando a mí en este momento (risas de la entrevistada), para que luego las familias lleven a sus niños a un fonoaudiólogo.

¿Avanzó mucho el tratamiento de este tipo de problemática?

Sí. En mi caso tengo 36 años y desde los cuatro mi madre me llevó a una psicopedagoga, pero no recuerdo si en esa época existían los fonoaudiólogos o no. Quizás había ignorancia en la familia. Nací en Federación y era la única chica de mi edad que hablaba así. Hoy hay más conocimiento e información sobre esto, al mismo tiempo que los profesionales se van especializando. Hay fonoaudiólogos que se dedican a determinados trastornos en el habla y existen otros que particularizan en la disfluencia. Actualmente voy a una especialista que se dedica a mi problemática y especialmente a adultos.

Debido a tu condición en el habla ¿Tuviste problemas para desarrollar una vida normal?

Sí. A los 18 años llegué a Concepción del Uruguay con el sueño de estudiar para ser maestra jardinera. En la ciudad el único lugar donde se puede cursar esa carrera es el Instituto Tobar García. Me inscribí y cursé los dos primeros años sin problemas y con buenas calificaciones. Todo se complicó en tercer año, cuando comenzó la etapa más oral de la carrera y sufrí varios actos de discriminación; lo que me impulsó a abandonar el estudio. Luego de 14 años, una vez que ya había conformado mi familia, me decidí a retomar los estudios y lo hice en UADER. Actualmente curso el primer año de educación primaria.   

Por último, la entrevistada explicó que: “La ignorancia en las escuelas es bastante alta con respecto a esta problemática, por eso es indispensable que el sector docente se capacite en este sentido”.

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